presencia

La presencia es un estado de ser, no lo puedes estudiar, solo puedes elegirlo. Necesitamos tener unos criterios que nos informan cuando estamos en presencia y cuando no, así podremos devolvernos en presencia cuando hace falta. Por lo tanto, la primera información es que, el estado de presencia no es algo que se consigue solo después de haber hecho largos caminos de crecimiento, sino una elección. La segunda es que no puede ser hecho una vez por todas, no es un camino linear que empieza en un punto de salida A y acaba en un punto de llegada B donde, a medida que me acerco al destino me vuelvo “cada vez más presente”. Esta idea es el resultado de un pensamiento lineal e irreal, por el simple hecho que presencia significa “aquí y ahora”. Y el aquí y ahora es constantemente algo nuevo, con lo que tienes que recontactar en su totalidad a cada instante.

Presencia y posición serán el sujeto del tercer libro “¡Encantado de verte!”, pero, como por otras materias, a través de la página web, recibirás pasito a pasito, las informaciones necesarias para “sentir lo qué es” y las herramientas para poder elegir de ser presente.

Hablo también de Posición porque, para adoptar una posición congrua que dé fuerza a ti como a los demás, imprescindiblemente hace falta ser presentes.

La Presencia es aquel estado que te permite hacer muchas cosas:

  1. 1. Distinguir lo que eres, de los roles y las identidades;
  2. 2. Escuchar verdaderamente a tí mismo y a los demás;
  3. 3. Distinguir memorias y proyecciones, de lo que está pasando aquí y ahora;
  4. 4. Disolver lo que queda en suspensión y dar la justa importancia a las cosas.

Desde este estado de presencia tú estás al mismo tiempo en contacto con tus memorias y con la realidad externa. Te explicito el efecto que podrás observar en tu vida siendo presente tanto a tu mondo perceptivo, tus estados hipnóticos, tanto al mundo externo, y lo resumo en dos puntos.

  1. 1.  No eres presa de tu mundo perceptivo interior que está identificado con tus roles, pero tampoco los obnubilas: permaneces presente a tus sugestiones, que derivan de tus memorias, observándolas desde una posición de Testigo.
  2. 2.  Quedando en contacto con todo lo que tu mundo interior tiene para ofrecer, puedes entrar en las numerosas memorias que están contenidas en él, a los diferentes esquemas que te guían en tus comportamientos, teniendo así más medios para hacer frente a una situación. En una palabra, en lugar de producir forzosamente siempre el mismo tipo de reacción a un evento aun cuando el resultado que obtienes es ineficaz, podrás elegir que comportamiento aplicar. No te preocupes de cómo hacerlo: el cómo es automático, eso concierne la mecánica del funcionamiento perceptivo. Lo que marca la diferencia es el contenido, si prestas atención a tus proyecciones y al mismo tiempo estas presente en el mundo externo, tienes los criterios para poder elegir entre las diferentes memorias, la más congruas, adecuadas a la situación que estás viviendo.

Ejemplo banal: A medida de que tendrás más elementos para comprender cómo funciona la percepción, utilizaré ejemplos más articulados.

Un amigo me llama por teléfono para invitarme a cenar, y yo acepto. Después cambio de idea y en realidad no me apetece. Si me limito a contestar desde mi mundo perceptivo, según cómo está organizado, puedo:

  1. 1.  Esforzarme y salir de todas maneras porque ya me he comprometido. Respondo a mí no ser capaz de decir no; b. Buscar un cualquier pretexto: inventarme un compromiso o un dolor de cabeza repentino (incluso hasta

encontrarme mal de veras) para no ofenderlo. Respondo a un puedo decir que no, pero solo si hay una excusa válida, o sea, justificándome;

  1. 2.  Decir que no tengo gana en manera agresiva o depresiva, es defender aquella identidad que he vuelto a llamar con mi respuesta, para protegerme en caso de que insista, o juzgar mi elección. Respondo a un nadie me entiende ni me respeta.

En todos los casos no estoy respondiendo ni a él ni a la situación, estoy respondiendo solamente a mi mundo perceptivo personal.

O estando presente a mí mismo y a los demás, puedo hacer algo distinto. Ipotizo los siguientes pasos:

  1. 1.  mirar dentro y observar lo que “instintivamente” sería empujada a hacer y en qué modo: que burbuja de memoria me está guiando, con que suspendidos;
  2. 2.  mirar fuera, o sea ponerme a escuchar al otro y ver cuál es la razón por la que me ha hecho esta propuesta; 3. poniendo en relación mi mundo interior, su aquí y ahora, escuchar lo que realmente quiero hacer; 4. enunciarlo a través de una comunicación que tenga todo en cuenta, declarando también mis límites.

Por ejemplo: “Sabes, lo he pensado, y te agradezco el haberme propuesto ir a tomar un poco de aire fresco después de haber pasado tiempos difíciles, pero todavía necesito compadecerme a mí misma…en cuanto me sienta realmente cansada de permanecer oculta en mi guarida, te llamo y seré feliz de pasar una tarde agradable contigo”.

En pleno contacto con lo que siento desde una posición de observador, respectando la intención de mi amigo, sin juicio y nada que ocultar: eso significa legitimar y dar dignidad tanto a mí, tanto al otro.

¡Ningún suspenso, ningún problema!

Cómo puedo saber cuándo estoy presente?

Incluso en este caso es simple: ¡da por supuesto que no lo eres!… Como decía Sigmund Freud “En broma podemos decir todo, incluso la verdad” y voy a explicarte cómo mi declaración no es un juicio, sino que hace referencia a una mecánica de funcionamiento perceptivo.

Va a ser más claro a medida que dispongas de más información y puedas experimentar, pero el hecho banal es que para dar significado a todas cosas, sea una palabra, un objeto o un evento, hace falta inevitablemente buscarlo dentro nuestras memorias. Nuestra atención, nuestro enfoque cambia de adentro hacia afuera cada fracción de segundo, y si no eres consciente, fácilmente te quedas atrapado dentro, envuelto por las emociones que produce tu proyección y en el papel que te estas representando.

Es decir, no estás en esa posición de Testigo que permite el estado de Presencia.

Experimentamos.

Antes algunas preguntas. ¿Diferencias espontáneamente la basura? ¿Antes de hablar o actuar, te preguntas qué efecto podrías producir en el otro y si es compatible con tu intención? ¿Tienes el placer de compartir o tienes la necesidad de hacerlo? ¿Puedes aguantar tu dolor o el dolor del otro? ¿Puedes exultar por el éxito de un amigo?

Advertencia: las preguntas no tienen un fin moralista o ético, sino que son un estímulo para llamarte en presencia. Si estoy “distraído” o en reacción emocional, no estoy presente.

Ahora volvamos al ejercicio, incluso en este caso sencillo: La próxima vez que tienes una fuerte reacción, ya sea de alegría, dolor o ira, párate, tomate un momento y pregúntate:

“¿La intensidad que estoy sintiendo es congruente con lo que está sucediendo en el aquí y ahora, o es exagerada?”.

Si te parece demasiado grande en comparación con lo que está sucediendo, obsérvala y ya está, sin intentar cambiar nada de tu comportamiento o emoción.

Entonces el movimiento requerido por este ejercicio es: observa tu emoción que viene de dentro y “mira hacia fuera”; cambia tu atención y todos tus sentidos dirigiéndolos al mundo exterior, donde, en el aquí y ahora, puedes ver que no hay nada que lo justifique, además de algún tipo de recuerdo.

Comienza a experimentar estos dos niveles diferentes, para aprender a distinguirlos.

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