percepción

Nosotros percibimos el mundo a través de nuestros órganos de sentidos físicos y guardamos en memoria cada experiencia hecha: lo que hemos visto, tocado, olido, saboreado, escuchado y oído. Por lo tanto, cada vez que entramos en un recuerdo accedemos a nuestro mundo perceptivo, lo cual está hecho de sensorialidad, pero en este caso, hablamos de sensorialidades “interiorizadas”. La percepción es tu mundo interior personal, un verdadero mundo virtual pero completamente real y concreto para ti, precisamente porque es sensorial.

Por lo tanto, una memoria consigue hacernos sentir las emociones, ponernos en marcha el físico, hasta incluso producir síntomas.

La percepción guía y tú le respondes, exactamente como si fueras su reflejo en el espejo: el cuerpo, las emociones, los gestos y los comportamientos responden al instante siguiendo perfectamente lo que estás proyectando en tú escudo interior.

La percepción crea: emociones, estados hipnóticos, creencias que parecen objetivas, identidades, movimiento, comportamiento y fisiología, la calidad de las relaciones, nos empuja hacia logros y fracasos.

Reaccionamos a nuestras memorias como si aquello que estamos observando estuviese pasando aquí y ahora, y nos equivocamos, acabando con producir una realidad que no nos gusta. Pero solo hasta que nos quedamos sonámbulos.

Probamos

El primer paso es realizar un entrenamiento para que te des cuenta de las sensorialidades de tus memorias.

Es algo que experimentas constantemente, pero ocurre de manera tan automática y rápida que no le haces caso. Lo confundes con el instinto, con la objetividad de las cosas, mientras que en realidad es una mecánica de funcionamiento.

Hace falta aprender a observar la sensorialidad de nuestras memorias “a cámara lenta” para poderla reconocer y manejarla cuando sea necesario.

Manejarla en el sentido de poder elegir en qué manera utilizar esta calidad perceptiva a nuestro beneficio.

Empezamos

Piensa a cosas sencillas, como: mi casa, coche, compañero/a, árbol en el viento, sol veraniego, hielo, amigos, etcétera. Fija tu atención en cada pensamiento que te pasa por la mente observando los fragmentos más sencillos, cogiendo de cada segmento todo lo que lo concierne y cada vez te darás cuenta que vas a traer a la memoria imagines, sonidos, voces, olores y sensaciones: haz experiencia de cómo cada miga perceptiva sea en realidad sensorial.

…Pensarás que te estoy pidiendo algo banal, insignificante y demasiado sencillo, pero si lo miramos en perspectiva, no lo es para nada: te estoy pidiendo de entrenarte para coger confianza con el lenguaje integrante del mundo perceptivo, lo que definimos “subconsciente” atribuyéndole una calidad de “desconocido”, pero lo conocemos muy bien: es tu historia, tus recorrido personal, que te pertenece y que es de tu competencia.

Te guio empezando por las “letras del alfabeto” así que cuando leerás “el libro de tu vida” no te quedaras más atrapado en sus capítulos más tristes, porque podrás reconocer tu estructura, el esquema y la inmaterialidad de las emociones que produce.

Es básico que tú cojas el tiempo necesario para transformarlas en experiencia. El criterio que te propongo es como un juego. El conocerse a sí mismo no tiene que ser necesariamente “un trabajo”, si lo eliges tú, puede ser un juego: estás jugando con tus sombras, son simplemente sombras, pertenecen al pasado que ya se acabó y sobretodo, al que sobreviviste.

Ningún trabajo, solo un juego para aprender a danzar con nosotros mismos.

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