coMUNICACIÓN

La comunicación es un aspecto importante de nuestra vida…lástima que la mayoría de las veces, no comunicamos nada. No nos damos cuenta que habitualmente utilizamos un lenguaje “ mal construido”, o sea pobre, con informaciones que se quedan borradas, otras deformadas, y los conceptos que expresamos son en su mayoría generalizaciones sin sujeto y especificaciones necesarias para poder transmitir un mensaje congruo con lo que verdaderamente pensamos.

¿Un ejemplo? Utilizo una frase que ya habéis oído: “Somos todos sonámbulos”.

Podría ser que tú que me estás leyendo te encuentres de acuerdo con eso, ¿pero sabes de verdad lo que quiero decir? ¿quiénes son todos? Es una generalización, ¿a quién me dirijo verdaderamente? ¿Sabes lo que significa para mí sonámbulos? ¿Pienso que sea posible estar incesantemente despiertos o sólo a veces? ¿Cuál es mi verdadera idea…?

Es difícil que una sola frase sea capaz de expresar todo lo que sobrentiende, pero deducir lo que falta puede ser peligroso. Se corre el riesgo de pensar de estar de acuerdo o al revés, se acaba discutiendo sin saber realmente de lo que se está hablando. Por lo tanto necesitamos hacer dos cosas: no colmar los vacíos comunicativos dejados por el otro en relación a nuestros significados, y preguntar, o sea, hacer repetir hasta que no tenga bien claro lo que el otro quiere decir.

El resultado es doble porque haciendo preguntas ayudo también el otro a salir de sus generalizaciones y obtener, de consecuencias, mayor claridad.

Nosotros pensamos de comunicar cuando en realidad estamos totalmente enfocados en nuestro mundo interior. Desde esta posición, cualquier tipo de comunicación se transforma en una defensa y confirmación de nuestra identidad, es decir, en la idea que tenemos de lo que somos y de nuestras posibilidades en el mundo. Incluso cuando estamos convencidos de no valer nada, defendemos esta in/discutible idea con todas las fuerzas que tenemos.

Además, casi nunca nos paramos a observar el lenguaje que mejor explica lo que verdaderamente estamos probando, aquel lenguaje incapaz de mentir y que expresa siempre y en cualquier caso: el lenguaje no verbal del cuerpo.

Lo entendemos siempre, también si no estamos prestando atención: intuimos que hay algo que no funciona entre lo que el otro expresa con las palabras y “un no sé qué” que nos pone en alerta.

A menudo, nosotros mismos expresamos con el cuerpo un mensaje incoherente con lo que estamos diciendo, y cada vez nos volvemos más hábiles en el suprimir la información, fingimos no darnos cuenta aun sintiéndonos incómodo.

Entrar en detalles en esta materia tan compleja, será el tema del próximo libro “Dímelo con mis palabras”. En estas páginas web empiezo dándote sugestiones para reconocer como las palabras crean estados hipnóticos y como sería posible comunicar verdaderamente con nosotros mismos y con los demás.

Experimentamos.

También en el caso de la comunicación empezamos por el ABC. Es sencillo reconocer una frase mal formulada, es suficiente estar presente.

Cuando te comunicas con alguien, elige un pensamiento entre los muchos que está expresando y pregúntate: “¿Si yo no termino lo que está diciendo, añadiendo lo que hace falta para dar un significado completo, la frase es completa? ¿Me dice todo lo que necesito saber o faltan algunas partes?”.

Si te das cuenta que para darle un sentido completo tendrías que añadir significados, intenta no hacerlo y pregúntale de especificar haciendo simplemente preguntas…

Enfrente tuya hay una persona muy respetable, un mundo totalmente distinto y que no conoces, aunque si lo frecuentas desde siempre. Muévete como un antropólogo curioso, vete en búsqueda de indicios y pregunta para entender exactamente lo que entiende.

Por fin, observa tres aspectos:

1.  Compáralo con lo que tú habrías entendido y nota las diferencias;

2.  Observa si para él se han añadido nuevas informaciones o detalles que antes no enfocaba;

3.  Observa cómo te sientes comunicando de esta manera.

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